Una de las causas que afectan al cristianismo es su origen. Ninguna religión existentes o muertas han surgido sin, por lo menos, un pueblo que la represente. Esto así, porque cada una de ellas ha sido producto de la mente humana, exceptuando el cristianismo y el judaísmo, las cuales afirman que son reveladas y edificadas por Dios, quien es común a ambas. Las restantes son productos de la voluntad humana.
El judaísmo con el cristianismo tienen a Abraham, como fuente común, ya que ambas se fundamentan en el Dios Jehová, en una conducta de fe. El judaísmo, a pesar de estar sujeta a un sinnúmeros de leyes, también era de fe, pero su desvío de la ruta de Dios, se debió a que dejaron la fe aparte y continuaron un camino de leyes, fundamentados en «Haz esto y vivirás». Esa situación hizo que Dios formara un nuevo pueblo, llamado Iglesia.
El desvío del judaísmo en su interpretación llevó al rechazo de Jesús el Cristo, quien es el ideólogo y fundador del cristianismo. Dios no se detiene ante la actitud del hombre, sino que él planifica una nueva forma. El hombre pecó en el Edén, lo sacó de allí; la actitud continua del mal en los habitantes antes del diluvio, llevó casi al exterminio de ellos, pero surgió un nuevo mundo, en el cual vivimos todavía y; el rechazo del pueblo de Israel a Cristo, trajo como consecuencia la iglesia de Cristo.
Es de suma importancia entender que el cristianismo es producto de Dios, mediante Jesucristo. Dios busca que el hombre entienda que hay una forma correcta de vida para él en la tierra, vida abundante, y que a la vez, existe una forma de relación entre El y el hombre. Esa providencia es producto del amor de Dios, quien envió a su Hijo para salvar al hombre del pecado y de la condenación eterna.
