Santo Domingo.-Como una enorme rata que habita en las ramas de los árboles, en los patios de las casa y en los predios agrícolas, la jutía es uno de los mamíferos roedores más típicos de los campos dominicanos y cubanos que se encuentran en extinción.
Al menos unas tres especies de esta familia, también conocida como Ratas, Ratones o Rodentia, han desaparecido de forma y su inexistencia no preocupa a los campesinos como con su presencia haces décadas atrás.
Aunque aún sobreviven algunas, ocultas en lugares inhóspitos, más de una decena de ese tipo de roedor, a la población latina no le causa pavor como en el pasado cuando eran un azote en los predios agrícolas y en los patios de las viviendas.
Las jutías son vegetarianas y su alimentación se compone de hojas y corteza de los árboles, frutas, y hasta raíces y tubérculos. Casi no necesitan tomar agua, pues al parecer les basta con la que absorben de esos alimentos.
Entre las especies más abundantes y conocidas de jutías en Cuba y República Dominicana, están la conga, la carabalí y la andaraz.
La jutía prefiere vivir más pegada a la tierra, pues se esconde predilectamente en oquedades de los suelos rocosos, aunque sube a la cima de las arboledas para alimentarse o solearse.
El resto de las especies prefieren vivir en huecos de los troncos arbóreos, o simplemente entre el follaje de grandes árboles.
La jutía rata, como hacen los castores, levanta diques, conductos y montones en el agua, dónde también se ocultan.
Las jutías gestan entre 3 y 4 meses, en dependencia de la especie, y pueden parir más de una vez en 12 meses. Como promedio tienen dos crías, aunque pueden ser hasta 4. Como parte de sus costumbres, suelen abandonar a los hijos al nacimiento de otros
