El 20 de enero de 2025 marcó el retorno triunfal de Donald J. Trump como el 47.º presidente de los Estados Unidos. Vencedor indiscutible en las elecciones del 5 de noviembre de 2024, el magnate neoyorquino retoma las riendas del país en un escenario internacional tenso y con una nación profundamente dividida.
Su regreso al poder reabre el debate global sobre el rumbo de la democracia, el orden internacional y el papel hegemónico de Estados Unidos.
El ascenso de Trump plantea una serie de interrogantes en áreas clave de la agenda internacional: ¿Cómo redefinirá la política migratoria frente a la frontera sur? ¿Qué papel jugará en la guerra entre Rusia y Ucrania? ¿Qué postura tomará frente al conflicto entre Israel y Hamás? ¿Cuál será el destino de las relaciones comerciales con China, México y Canadá? Su escepticismo hacia la OTAN, su proteccionismo económico y su visión nacionalista podrían reconfigurar el tablero geopolítico de manera profunda.
En el plano interno, Trump hereda un país polarizado, pero con una ventaja estratégica: ha recuperado no solo la Casa Blanca, sino también el control del Congreso, dominando tanto el Senado como la Cámara de Representantes. Este dominio legislativo le otorga una capacidad de maniobra que su predecesor, Joe Biden, nunca tuvo. Las grandes reformas prometidas durante la campaña —bajo su lema revitalizado de “Hacer América cada vez más grande”— tienen ahora un camino despejado.
Para muchos, Trump es una figura divisiva, reducida con frecuencia a una caricatura mediática. Sin embargo, su figura trasciende la política. Es uno de los empresarios más reconocidos del país, con un emporio que abarca desde la construcción hasta el entretenimiento. Fue estrella de reality show, autor de éxitos editoriales y un ícono cultural antes de convertirse, por segunda vez, en el comandante en jefe de la mayor potencia del planeta.
