La imprudencia en cualquier sociedad se manifiesta a través de conductas o hábitos que pueden dañar física y moralmente a otros, alterar la vida en lo personal y la de los demás, todo por la falta de cuidado o previsión ante posibles riesgos.
En la República Dominicana se puede observar penosamente que el ejercicio de la imprudencia está amenazando con desbordar el sentido común, el equilibrio del orden, el valor de la conciencia; en definitiva, la propia supervivencia o el respeto al don de la vida.
Por lo que es de suma necesidad analizar profundamente como Estado, ese comportamiento humano de tales individuos que se exponen recurrente y progresivamente ante lo imprudente, la temeridad, lo negligente y la indiferencia, sin avizorar el sentido alguno que justifique tal actuación descuidada o dicha afrenta peligrosa.
El periodista y poeta argentino Roberto Alifano, ante ese fenómeno anormal y pérdida de visión social que contraría lo racional, plantea una frase muy fuerte que interpela y hace reflexionar al expresar que ¨los ojos no sirven de nada en un cerebro ciego¨.
Entender que esos referidos seres humanos por sus prácticas fuera de control, excesivas y sin límites se convierten en activos portadores de desgracias o resultados no deseados; efectos que podrían ser previsibles y evitables, pero que fruto de la torpeza, ceguera cerebral o inobservancia a una norma o regla establecida; al no medir sus acciones, ni evaluarse sus reacciones, no se dan cuenta del legado atrofiado que comparten conductual y negativamente hablando; ni de la cadena de sucesos lamentables y de dolor que están sembrando.
